vi esta weáaaaaa
me acabo de acordar, esa vez desperté gritando.
El maestro, en la escena del segundo 54...
-Bien…- dijo Noruega con el gesto impecable. Su troll y el troll salvaje luchaban, pero el primero perdió.
-¡Mamá! ¡Escapemos! ¡Los trolls son malos!
-No… no vamos a escapar.
-¿Por qué? ¡Vence al troll! ¡Pudiste con el nuestro!
-Mi troll fue un regalo de tu padre, por eso me protege. Yo no puedo derrotar a un troll.
-¿Por qué no? ¡Congélalo! ¡Córtale la cabeza con un hacha! ¡Imagina que es un danés! ¡Pero haz algo!
-Que no puedo.
-¿Entonces? ¿Qué haremos?
-Esperar.
-¿Esperar qué?
-¡Aléjate de mi Noruuuuu! – gritó una voz que Ludovik guardaba en sus recuerdos un siglo atrás. Al momento Dinamarca se abalanzaba contra el troll y lo montaba, sujetándolo por las orejas.
-Pa… ¿papá?
-Él sí puede contra un troll.
-¿Cómo es eso, mamá?
-Verás…- Noruega miró con el rostro inexpresivo cómo Dinamarca moría de risa mientras el troll desesperado chocaba contra todos los árboles.- Para derrotar a un troll… Debes ser mil veces más idiota que él.
-¡Mamá! ¡Mi papá no es…!
-¡Mira, Noru! ¡Derroté al troll como si nada! ¡Salvé tu vida! – gritaba un entusiasmado Dinamarca apuntando a un pobre troll cansado y tirado en el piso. Noruega le devolvió la mirada a su hijo.
-¿Decías algo, Ludovik?
-No… nada mamá…
-¡Mi Noru! – Dinamarca corrió apresurado hacia él, abrazándolo. Luego miró a Ludovik.- ¿Quién eres? ¡Noru! ¡Me engañas con alguien! Pero se me parece… ¡Usaste los cabellos que dejé en la almohada, el baño y otros lugares para clonarme!
-Papá… soy yo… Ludovik…
Los ojos de Dinamarca brillaron.
-¡Mi vikingo! ¡Creció! ¡Es todo un hombre! – dirigió su mirada hacia un lado, ahí estaba Asbjorn, el cual fue levantado en el aire mientras Dinamarca lo abrazaba. Creyó que todos los huesos de su cuerpo se quebrarían.- ¡Asbjorn! ¡Te ves más uke de la última vez que te vi! ¡Soy tan feliz que podría olvidar el hecho de que vine con el sueco hasta aquí!
Dinamarca seguía gritando y dando saltos de felicidad en su lugar. Unos pasos más allá, los menninkäinen que atacaban a la familia de Tino escaparon nada más al sentir a Berwald y su mirada asesina.
-Su…- murmuró Tino, al borde de las lágrimas.- Mi Su…-Berwald se acercó a él, rodeándolo en sus brazos y abrazándolo. Tino se sintió nuevamente protegido, tranquilo y feliz. Sus rostros se acercaron. – Bienvenido… - dijo antes de besarlo.
Se separaron luego de unos segundos y Berwald miró a sus dos hijos.
-Mira, Su… los pequeños crecieron.
-¡Papá! – Niklas corrió y abrazó a su padre, quien acarició su cabeza. Hillevi se acercó.
-¿Le dij'ste? – preguntó Berwald.
-Si.- respondió Hillevi.
Berwald esbozó una sonrisa.
-M' si'nto orgull'so de ti.
-Gr'cias papá.
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